¿Se acabo todo? ¿Se acabo el sufrimiento, las mentiras, las desilusiones, los dolores de cabeza, los corazones rotos? ¿Se acabo el sentirse como una piedra en el camino sin importancia alguna? ¿Se acabaron los malos pensamientos, los momentos de querer mandarlo todo para la mierda y entrar a otra vida? ¿Se acabo el querer sentirse importante para alguien, para cualquiera?
¿Se acabó el querer sentir la navaja pasar por tu piel, el sentir la sangre salir del interior de tu cuerpo y sentirla/verla correr por el exterior de él? ¿Se acabó el querer tomarte unas pastillas para acabar el dolor, para acabarlo todo? ¿Se acabó el querer hacer cualquier locura para no sentirse adormecido, para poder sentir cualquier otra cosa que no sea dolor? ¿Quién dice que todo se acabó? ¿Qué nos asegura que todo va a estar bien, que todo en la vida tiene un propósito, que de los momentos difíciles puedes sobrevivir y aprender?
A veces simplemente te cansas de sentir que todo está mal en la vida, que no vales nada. Aunque intentes e intentes, algo o alguien te recordará que no vales nada. Que eres polvo y polvo serás. Te pondrán/pondrás por el piso, como basura, porque solamente recordarás los momentos malos en la vida, los momentos en los cuales fracasaste como amiga, como hermana, como hija, como sobrina, como compañera, en fin, como persona. Nunca pensarás en los momentos de felicidad, en los que sentías que por fin estabas entendiendo esto que le llaman vida. En los que sentías que todo por fin empezó a salir bien. Pero en los momentos malos, los que estás por el piso. Hay que saber el cómo levantarse, sacudirse, levantar la cabeza y mirar hacia delante. Algunas veces nos levantamos con ayuda, pero la gran mayoría nos levantamos solos. En esos momentos sabemos de qué estamos hechos, hasta dónde podemos llegar, qué tanto podemos tomar. Estos momentos son los que nos definen como personas, como seres humanos.

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