Entiendo que jamás será suficiente; hasta arrastrarse no valdrá nada. La gente no se conforma; te sacará hasta la última gota de suspiro. Lo das todo, te entregarás en alma y corazón y nada. Un silencio que te acapara, que te corta la respiración por segundos, el nudo en tu garganta. Y te preguntas, ¿qué más quieren de mí? No hallarás respuesta porque no tiene sentido, ya lo has dado todo. Ya no queda nada más que no tengan de ti. ¿Qué podrán querer ahora, ¿tu carne? ¿tus huesos? ¿tu pensar? ¿tu vivir? ¿tu tan llamada existencia?
Para tus familiares eres simplemente otra boca que alimentar. Para tus compañeros de clase/trabajo, eres otra persona con la que tienen que competir. Para tus amistades, eres una piedra en el camino. Y para un amante, eres una persona con la que pueden tener un momento íntimo en el baño más cercano o en la parte trasera del auto. Simplemente en la vida nunca serás nada. Nunca serás suficiente. Solo serás polvo. Por la gran mayoría del tiempo, todo será igual; nada te importará de igual manera que a nadie le importarás, pero un día explotas y te inundarás en el silencio, en las lágrimas y en la corta respiración. La ansiedad es la primera invitación a tu alma. Te atormenta el pensamiento de la soledad.
Hasta que en el momento menos pensado te encontraras con una persona. Con tu mismo pensar, con tus mismos sentimientos. Sentirás que es tu otra mitad, tu “media naranja”, la persona que te entiende mejor que tú te puedes entender. Sentirás que la ansiedad ha cancelado su invitación para cenar, sentirás que volverás a respirar, que las lágrimas cesaron y la soledad perdió la guerra.
Todo por fin tendrá una razón. Verás cómo la vida cambia, cómo todo se torna un color más cálido. Y te preguntarás: ¿Este será el momento en el que por fin seré feliz o todo volverá a ser como antes y nunca seré suficiente??

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